Como no volver a la ciudad que me dio mil amores, mil pasiones, sentimientos encontrados, esas ganas de putear y llorar, reir y soñar. La verde y blanca era una de esas pasiones.
Dicen que el color verde es esperanza, y por eso lo elejimos, en verdad pienso como encontrar esas cosas que solo tienen una comparación en el plano de los sueños, o la imaginación y en ese momento pienso en como el pescador es en realidad un futbolista; con una simple caña y una lombriz logran crear un mundo imaginario, un rezo casi celoso en que la mentira es protagonista. El futbolista en realidad es un pescador.
La mentira futbolera es una necesidad y por eso miento al decir que el verde lo elegimos, pero cuando la pasión se pone en el plano del mito, ya no se sabe la verdad y me gusta eso y no quiero saber la verdad, me quedo con mi respuesta, que me hace sentir como un jugador al que no le pasó el tiempo.
Nuestro central era el tipo que lograba derrumbarme las estructuras que uno tiene, logramos conectar al máximo jugador de nuestra historia y lo respetamos, nuestro equipo no tenia la 10, y pobre el que se animó a pedirla, la respuesta de nuestro Back fue: - ¿Como te animas a pedir ese número loco? Esa en nuestro equipo no existe. Tenemos que respetarlo, no tenemos un jugador que juegue, vamos a perder nuestra identidad. Y por ese motivo le explicamos al atrevido que la verde no se mancha, que fuimos, somos y seremos un equipo que respeta al futbol, y que por mas que lo intentemos nunca vamos a perder nuestra identidad, que era la de aguantar al fondo y que con una o dos contras por partido nos alcanzaba, y asi fue que nunca hicimos mas de 2 goles por partido.
Solo teníamos un objetivo, un objetivo que era imposible, ese objetivo era salir campeones, ni mas ni menos que salir campeones, y no era simplemente ganar un partido de fútbol, era soñar con aquello que era imposible, despertar pasiones y conectar la pelota con la vida, con nuestras ganas de verlo dar la vuelta a nuestro Back, por que todos teniamos frustraciones en nuestra vida, pero la del 2, amigo mio, esa si que no la podiamos permitir, nunca dar una vuelta, no gritar dale campeón, no tomar un vino con sabor a victoria, no besar la tierra y que se caiga una lagrima victoriosa. Era algo que no lo podía permitir, ni yo ni nuestro equipo.
Fieles a nuestro estilo de juego y pasando por peripecias infinitas, nos encontramos con la semifinal ganada, por penales, despues de un 1a 1 vergonzoso y aburrido para nuestros seguidores, pero ahi estabamos pensando en como la pasión vence al juego, y eso era vital para nuestro corazón, porque éramos amigos, y no sólo nos encontrabamos en la cancha; reiteradas veces nos vimos leyendo historias del Gordo Soriano, de Sacheri, escuchando a Victor Hugo con su maravilloso “barrilete cósmico”, eramos pasión, teniamos el corazón Peronista y eso era lo que nos diferenciaba de nuestro rivales, vivimos Fútbol, sentimos Fútbol y respiramos Pasión, pasión que es Peronismo.
Pensando que nunca fuimos a las vías a esperar que llegue nuestra compañera, pensar que no anhelamos con dolor la espera del avión negro, sentir que la frase “queridos descamisados” estaba desfazada en el tiempo y que nunca la habiamos sentido de su boca, ni que la isla Martín García tenía mas sentido que una calle, asi fuimos a jugar la final.
Esa final no era un simple partido, el rival no era el partido, nuestro rival no estaba en la cancha, no éramos 7 contra 7, éramos nosotros contra los complices que lo metieron en cana a nuestro General. Era un duelo contra “...con la democracia se come, con la democracia se cura y se educa”. Era desigual, era desleal, pero siempre lo fué y esa final no era distinta, lo elegimos y salimos a la cancha, con los numeros hechos con cinta papel sobre una remera verde, y nuestro back no tenia el 2, tenia el 17, eso representaba los huevos que tenia nuestro 2, para que decir más...
El partido duró semanas enteras, desde que arrancó el campeonato, porque era nuestro destino, y ahi estabamos solos, en la cancha 7 contra la historia, y como siempre cometimos errores, pero esta vez sólo 1, y la ganamos como era de esperar, 3 goles hicimos, y en cada uno de ellos miramos al cielo, como esperando el avión negro, como esperando ver la sonrisa de Eva pintada en cielo. En cada abrazo era nuestro 2 el que estaba con la sonrisa que nunca voy a olvidar, la alegria del número 17 sólo puede compararse con el 64 % del tío.
Recibimos la copa de nuestro enemigo, y en su cara le hicimos la v, le gritamos el dale campeón que salia de las víceras, era el grito del campeón... la cara de nuestro 2... Y como era de esperar dimos la vuelta, en la cara le dimos la vuelta, la cara de esos tipos, por dios. Nuestro 17 con la copa levantada, con esa cara de alegría y la compañía Juan y Eva, que nos dieron la alegría de ser pasión y fútbol.