Un Sueño, una aparición, una sensación al despertar, una idea, la mirada perdida en algún lugar y la cabeza viajando, un sabor que se acuesta en la punta de la lengua cuando amanecés, te invito a que pasees por estos paisajes oníricos y si te tienta.....compartas lo tuyo.



Mostrando entradas con la etiqueta Cami Cardellino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cami Cardellino. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de enero de 2012

Otro Lindo sueñocuento, una joyita literaria de Cami!! Disfruten y comenten, opinen, pregunten, que se abra la red!!!!

Y nunca, dejes de dibujar

Por Cami Cardellino


Estaba yo, parada tras el gran portón de rejas negras en mi casa, con un abanico de papel plegado en mis manitos cual tesoro. Miraba el afuera desde la comodidad de mi hogar, pero con un dejo de nostalgia. Veo caminar una pareja, que comentan al pasar algo así como “qué lindo llegar a viejos, y locos, locos los dos”. Siento una canción de marcha a lo lejos, casi indefinida, imperceptible. La siento cada vez más cerca, y ahora siento también pasos, indicios de que claramente venían personas marchando. Me asomo un poquito más haciendo puntitas de pie, y como queriendo sacar la cabeza por entre los barrotes del portón, veo que en la esquina gira una parejita de ancianos, llenos de gracia, vestidos cual cosacos con gorros de piel imponentes y largos tapados de paño rojo en pleno verano. Se van acercando, y mis ojos intrigados siguen su marcha. Al llegar a mi portón detienen su marcha y un silencio corta la escena.
Voltean su mirada hacia mi y me preguntan en coro “¿Qué estás dibujando?”, yo sin saber bien, desplego mi papel ajetreado y húmedo por la llovizna de verano que nos estaba acechando, y les estiro mi dibujo, uno de mis favoritos titulado “Perfectamente imperfetos”.
Lo contemplan por segundos, me lo devuelven, y ellos sin lápiz, ni papel, ni contestando alguna pregunta (porque de hecho, yo estaba enmudecida), me dicen “Nosotros estamos dibujando nuestras ganas de vivir”. 
Y en mi cabeza como una voz interna que me susurra,
oigo con eco repetidas veces la frase
“Y nunca dejes de dibujar, y nunca dejes de dibujar, y nunca dejes...”


lunes, 16 de enero de 2012

Te sueño en sueños

 Por Cami Cardellino
 

                Una mesa larga, desbordando de colores, disfraces, cosas de utilería, y ése libro. Yo, vestida de clown esperaba mi turno para dar la función mientras lo miraba extrañada. Era un libro de enormes dimensiones, sus hojas eran láminas de madera, y los dibujos en su tapa me invitaban a leerlo. Lo abro, me encuentro con un libro mudo y un ser azul cual títere, me miraba. Me miraba tan penetrante que me hacía dudar si era real, y estaba encerrado en un cuento, entre tapa y tapa, esperando que alguien (tal vez yo) tenga el tupé de excarcelarlo. No, definitivamente jamás iba a ser libre: Por algún motivo que me pareció casi irrelevante, la casa tenía todas sus aberturas cerradas, tapadas con maderas y clavos, y muebles apilados, y bloques de cemento. Iba a dar un show sin espectadores, pero de todas maneras, lo iba a dar, ya estaba vestida y podía sentir esa adrenalina previa a la puesta en escena. Sin ver otro cuerpo además del mío, era consciente que no estaba sola. Por un ventiluz que había quedado al descubierto, se asoma una mano, y a la orden imperante de "escondanse todos", atino a hacerme pequeñita y esconderme bajo una mesita de luz. Veo luz, veo un puente como holograma. Me atrevo, corro en su dirección, y salgo al mundo. Corro, corro sin saber dónde estaba pero sabiendo a dónde quería ir. Vos me esperabas en esas coordenadas que rondaban mi cabeza, podía estar segura. Encuentro un colectivo, semejaba ser uno de larga distancia, semicama, de dos pisos. Me acerco a probar suerte, y preguntarle al chofer cómo llegar a vos. Con una sonrisa me dice que tome asiento, le tiro unas monedas y un caramelo que encuentro en mi mameluco amarillo. Me siento pero en un cajón de manzanas en el pasillo del segundo piso, y lo veo subir. Perfectamente desalineado y atractivo. Nos miramos y al parecer desconocernos, sabíamos que de algún lado nos conocíamos. Se me sienta al lado, en un poquito de cajón que le convido, y mira al techo. Alzo mi mirada, veo una frase escrita en el techo, la leo en voz alta, y él la completa en voz bajita, respirandome en el cuello, me vuelve la mirada y mi mundo se apaga cual televisor. Siento codazos, y oigo casi sin escuchar la voz de mi amigo que me repite insistente "Dale, te toca a vos". Entredormida abro los ojos, me encuentro en un colectivo, pero desconozco el momento que mi asiento pasó a ser semicama, y mi compañero se esfumó. Pongo mis ojos en el techo, y veo dibujada la misma oración, que ésta vez me la leía en voz alta Santi, mi amigo, y me tocaba a mi completarla con lo que aquel jovencito que compartíamos un cajón de manzanas, me había susurrado al oído.